IV · Analizar tus ventas · Capítulo 25

Por dónde vendes

13 min

Un plato de pasta es el mismo plato de pasta lo lleves seis metros hasta una mesa o se lo entregues a un repartidor. Lo que te deja no es lo mismo en absoluto. Hoy casi todos los restaurantes venden por tres o cuatro canales que fueron creciendo de uno en uno, cada uno añadido porque parecía ventas de más, y poquísimos los han comparado alguna vez con las mismas cuentas. Este tema es esa comparación — y con frecuencia cambia qué canal quiere hacer crecer un dueño.

💸 El mismo pedido, de tres maneras

Toma un pedido de cuarenta pesos y síguelo por tres puertas distintas. El costo de la comida es el mismo en las tres, treinta por ciento, o doce pesos.

CanalLo que llegaMenos comida y extrasDeja
Sala$40−$12 de comida$28
Tu propio para llevar$40−$12 de comida, −$1.50 de empaque$26.50
Plataforma, 25% de comisión$40 − $10−$12 de comida, −$1.50 de empaque$16.50

El mismo pedido te deja dieciséis pesos y medio por la plataforma contra veintiocho en la sala — un poco menos de tres quintas partes. Eso no hace que la plataforma esté mal; la convierte en otro producto con otra economía, y en uno que hay que juzgar por lo que de verdad añade y no por la cifra de ventas que produce. Un mes en que las ventas de plataforma crecen y las de sala se encogen puede ser un mes en que subieron las ventas y bajó el dinero, que es exactamente el patrón del que avisaba el curso de estados financieros.

La comisión es solo la parte visible, y las dos partes invisibles conviene nombrarlas. El empaque es un costo real que no existe en ningún otro canal y es fácil de dejar fuera. Y el trabajo no es gratis: un pedido de repartidor sigue ocupando a un cocinero, pero no ocupa una mesa, lo que corta por los dos lados — no consume tu recurso más escaso en una noche llena, y tampoco produce las bebidas y los postres que hacen más grandes las cuentas de la sala.

🪑 Para qué es cada canal en realidad

En cuanto puedes ver el aporte por canal, la pregunta útil deja de ser "cuál es mejor" y pasa a ser "para qué sirve cada uno", porque de verdad hacen trabajos distintos.

  • La sala. El aporte más alto por pedido y el único canal que vende la experiencia: bebidas, postres, segundas rondas, la razón por la que la gente vuelve. También está limitado por capacidad — una sala llena no puede tomar más.
  • Tu propio para llevar o tu pedido en línea. Casi el mismo dinero que la sala, sin la mesa. El canal peor cuidado en la mayoría de los restaurantes, y para hacerlo crecer existe el curso de pedidos en línea.
  • Las plataformas. Aporte más bajo, pero llenan capacidad que no estabas usando y te ponen delante de gente que nunca ha oído hablar de ti. Las dos cosas son valor real, y ninguna se ve en la cifra de aporte.
  • Catering y eventos. Normalmente un pedido grande, con costos predecibles y sin rotación de mesas, así que puede pagar muy bien — pero conviene revisar el trabajo, porque un servicio que necesita personal fuera del horario normal puede costar calladamente más de lo que parece.

El error estratégico más común es juzgar un canal por su total en vez de por lo que desplaza. Si la plataforma te está llenando el martes vacío, dieciséis pesos y medio son dieciséis pesos y medio que no ibas a tener, y eso es buen negocio. Si te está llenando el sábado —donde la sala se iba a llenar igual y cada pedido de repartidor le quita un cocinero a una mesa que habría dejado veintiocho—, entonces estás pagando una comisión para ganar menos. El mismo canal, la conclusión opuesta, decidida enteramente por si tenías capacidad libre o no.

🧭 Leer cada canal en sus propios términos

Más allá del aporte, cada canal tiene sus propias cifras de diagnóstico, y mezclarlas es como los dueños llegan a conclusiones equivocadas sobre su propio negocio.

El ejemplo más claro es la cuenta promedio. Los pedidos a domicilio suelen ser más grandes que las cuentas de sala en términos absolutos —la gente pide para toda la casa— y más pequeños en lo que dejan. Si miras una sola cuenta promedio mezclada entre todos los canales, se va a mover cada vez que se mueva tu mezcla y no te va a decir nada de ninguno de los dos. Lo mismo con los comensales: un pedido a domicilio no es un comensal en ningún sentido que la sala reconocería, y mezclarlos vuelve ilegibles las cinco cifras del curso anterior.

Así que mantén los canales separados en tus reportes, y vigila la mezcla propia de cada uno. Es común y útil encontrar que la carta se comporta distinto según el canal — los platos que viajan bien no son los mismos que lucen en un plato, y un rompecabezas en la sala puede ser una estrella en la plataforma, o un plato puede estar dañándote la reputación en silencio porque llega veinte minutos más tarde de lo que debería. Esa es una decisión de carta que este curso puede sacar a la luz: el reporte de mezcla del tema 3, corrido por separado para cada canal.

🔀 Decidir qué hacer crecer

El sentido de todo esto es tomar una decisión con honestidad: adónde va la siguiente unidad de esfuerzo. Crecer no es gratis — cada canal pide atención, y un restaurante que lleva cuatro mal le va peor que a uno que lleva dos bien.

Un orden de prioridades razonable sale de las cuentas mismas. Primero, llenar la sala, porque ahí es donde un peso de venta deja más detrás. Segundo, hacer crecer el canal que es tuyo, porque tu propio para llevar deja casi tanto como la sala y sus clientes son tuyos y no de la plataforma — los cursos de pedidos en línea y de marketing van enteros de ese movimiento. Tercero, usar las plataformas a propósito: para los turnos con capacidad libre, para que te descubran, y con los ojos abiertos sobre lo que cuestan. Y cuarto, tratar el catering como un negocio aparte con sus propios números, en vez de como un favor que haces de vez en cuando.

Dos cosas que este tema a propósito no hace. No te dice cómo negociar con una plataforma ni cómo funcionan sus estructuras de comisión — eso es el curso de delivery, que es dueño de esa relación en detalle. Y no te dice que abandones ningún canal: esto es una comparación, no un veredicto. Lo que te da es poder decir, con un número y no con una sensación, cuánto vale de verdad cada una de tus puertas.