I · Los fundamentos · Capítulo 2

Qué es administrar

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Administrar es lograr objetivos con recursos limitados, casi siempre a través de otras personas. Esa frase corta encierra casi todo: hay una meta, hay medios que no alcanzan para todo, y hay gente de por medio. Desmenucémosla.

Primero, qué es una organización

Antes de administrar hace falta algo que administrar. Una organización es un grupo de personas que se coordinan de forma deliberada para lograr algo que solas no podrían. Tiene cuatro ingredientes: personas, un objetivo común, recursos y una coordinación que los une. Una tienda, un hospital, una orquesta y un club de barrio son todos organizaciones. La administración es, precisamente, el trabajo de coordinar ese esfuerzo para que rinda.

Los recursos siempre son limitados

Toda organización trabaja con lo mismo: personas, dinero, materiales, tiempo, información y, cada vez más, conocimiento. Ninguno sobra. Administrar es, en el fondo, decidir cómo repartir eso escaso para obtener el mayor resultado. Si los recursos fueran infinitos, bastaría con gastar; no habría nada que administrar. La escasez es la razón de ser de este oficio.

Eficiencia no es lo mismo que eficacia

Dos ideas que conviene no confundir, porque casi todo error de gestión es fallar en una de las dos:

  • Eficacia es hacer lo correcto: alcanzar el objetivo que importa. Mira el resultado.
  • Eficiencia es hacerlo bien: lograrlo con el menor desperdicio de recursos. Mira el medio.

Un ejemplo: dos panaderías venden el mismo pan. La primera lo logra tirando a la basura un tercio de la harina; la segunda, casi sin desperdicio. Las dos son eficaces —venden el pan—, pero solo la segunda es eficiente. Al revés también pasa: alguien puede ser eficientísimo horneando un producto que nadie quiere; hace muy bien lo que no había que hacer. Un buen administrador persigue las dos a la vez, y a esa relación entre lo que obtienes y lo que gastas para obtenerlo se le llama productividad.

El administrador trabaja a través de otros

Un detalle fácil de olvidar: el administrador rara vez produce el resultado con sus propias manos. Lo consigue coordinando el trabajo de otros. Por eso su materia prima no es la tarea, sino las personas y las decisiones. Cuanto más sube alguien, menos "hace" y más "hace que se haga".

No es solo cosa de empresas

Un hospital, una escuela, una asociación de vecinos o una familia administran igual: fijan una meta, reparten recursos escasos y coordinan personas. A esto se le llama la universalidad de la administración: cambian los fines y el vocabulario, no la lógica de fondo.

Para aplicarlo: piensa en algo que gestiones hoy. ¿Estás siendo eficaz —vas hacia lo que importa— y eficiente —sin desperdicio—? Nombra cuál de las dos te está fallando; casi siempre es una sola.